No respeta edad ni estatus social. El poder que la mueve es tan grande que se ha ramificado en toda la sociedad y día a día, avanza un poco más. Hay zonas estigmatizadas por el consumo de droga, que requieren una urgente acción social, como los barrios de La Costanera, El Chivero, La Bombilla o El Sifón, aunque también en Tafí Viejo, Las Talitas y Los Nogales. El sábado, velaron en La Costanera a José Palavecino, un chico de 16 años, cuya madre lo encadenaba a una silla para que no saliera a robar para comprar "paco" y para evitar que lo mataran. La historia se publicó en nuestro diario en agosto pasado. Su madre pedía ayuda para que pudiera internar a su hijo. El adolescente, que iba a ser padre en los primeros meses de 2013, fue baleado mientras fumaba "paco".
El lunes, varias decenas de vecinos, junto a "Madres del pañuelo negro", cortaron el puente Ingeniero Barros para pedir el esclarecimiento de la muerte de José. Una de las manifestantes dijo que pidieron a las autoridades que ayudaran a los familiares de los chicos que sufren por la adicción para que pudiesen viajar a Córdoba, donde funciona un centro de tratamiento. "Queremos que les den para el pasaje. No pedimos más. El Gobierno miente cuando dice que ayuda a los chicos de La Costanera", sostuvo.
El jefe del servicio de Prevención y Asistencia de las Adiciones, del hospital Avellaneda, dijo que si el niño consume significa que hay un gran conflicto a nivel familiar, económico, político y social en su entorno. Dijo que hay chicos que están en una situación de vulnerabilidad total y agregó que el consumo crecerá porque está instalado en todos los niveles sociales.
Por ser una sustancia psicoactiva, al igual que la cocaína, el "paco" causa daños en el funcionamiento celular nervioso; tiene contaminantes metales tóxicos corrosivos que afectan seriamente las vías respiratorias. Destruye el cerebro, el sistema respiratorio y cardiovascular. Los especialistas sostienen que en tres meses, las personas que consumen "paco" pierden entre 15 y 20 kilos, y a los seis meses ya tienen lesiones en el cerebro.
En diciembre de 2008, salió a la luz que en los barrios de la Costanera, ubicado en ambas márgenes del río Salí, los chicos que comenzaban a drogarse a los 10 años, parecían "cadáveres caminantes", según testimoniaban sus madres, que vivían con dramatismo cómo sus hijos se autodestruían, y se sentían impotentes para combatir a los "transas" que eran los que les vendían el paco.
Se estima que en los barrios de La Costanera son más de 2.000 chicos en riesgo. Los profesionales señalan que el mayor problema es el entorno y que debe haber serios cambios para crear alternativas de recreación productiva, activar fuentes de trabajo y de capacitación y fomentar el deporte.
Es difícil comprender que en los últimos dos lustros no se haya podido diseñar una política de Estado interdisciplinaria para combatir este grave flagelo social que tiene por víctimas principales a los jóvenes, adolescentes y niños. ¿Por qué no se han creado centros de internación y rehabilitación suficientes para contener a los adictos? Sólo existe el de "Las Moritas" con capacidad para 21 personas mayores de 18 años sin causas penales. ¿Cuáles serán los impedimentos? ¿Intereses creados? ¿El Estado dejará que la droga siga destruyendo a una generación de chicos tucumanos?